lunes, 10 de junio de 2013

Martín Fierro, de José Hernández (1872)



«Jamás me puedo olvidar
lo que esa vez me pasó:
dentrando una noche yo
al fortín, un enganchao,
que estaba medio mamao,
allí me desconoció.

Era un gringo tan bozal,
que nada se le entendía.
¡Quién sabe de ande sería!
Tal vez no juera cristiano,
pues lo único que decía
es que era pa-po-litano.

Estaba de centinela
y, por causa del peludo,
verme más claro no pudo
y esa jue la culpa toda.
El bruto se asustó al ñudo
y fi el pavo de la boda.

Cuanto me vido acercar:
“¿Quén vívore?” -preguntó:
“Qué víboras” -dije yo.
“¡Ha garto!” -me pegó el grito.
Y yo dije despacito:
“Más lagarto serás vos.”

Ahi no más ¡Cristo me valga!
rastrillar el jusil siento;
me agaché, y en el momento
el bruto me largó un chumbo;
mamao, me tiró sin rumbo,
que si no, no cuento el cuento.

Por de contao, con el tiro
se alborotó el avispero;
los oficiales salieron
y se empezó la junción:
quedó en su puesto el nación
y yo fi al estaquiadero.

Entre cuatro bayonetas
me tendieron en el suelo.
Vino el mayor medio en pedo
y allí se puso a gritar:
“Pícaro, te he de enseñar
a andar declamando sueldos.”

De las manos y las patas
me ataron cuatro cinchones.
Les aguanté los tirones
sin que ni un ¡ay! se me oyera
y al gringo la noche entera
lo harté con mis maldiciones.

Yo no sé por qué el gobierno
nos manda aquí a la frontera
gringada que ni siquiera
se sabe atracar a un pingo.
¡Si creerá al mandar un gringo
que nos manda alguna fiera!

No hacen más que dar trabajo,
pues no saben ni ensillar;
no sirven ni pa carniar,
y yo he visto muchas veces
que ni voltiadas las reses
se les querían arrimar.

Y lo pasan sus mercedes
lengüetiando pico a pico
hasta que viene un milico
a servirles al asao...
Y eso sí, en lo delicaos
parecen hijos de rico.

Si hay calor, ya no son gente,
si yela, todos tiritan;
si usté no les da, no pitan
por no gastar en tabaco,
y cuando pescan un naco
uno al otro se lo quitan.

Cuando llueve se acoquinan
como el perro que oye truenos.
¡Qué diablos! sólo son güenos
pa vivir entre maricas,
y nunca se andan con chicas
para alzar ponchos ajenos.

Pa vichar son como ciegos,
ni hay ejemplo de que entiendan;
no hay uno solo que aprienda,
al ver un bulto que cruza,
a saber si es avestruza,
o si es jinete, o hacienda.

Si salen a perseguir
después de mucho aparato,
tuitos se pelan al rato
y va quedando el tendal:
esto es como en un nidal
echarle güevos a un gato.»

José Hernández, El gaucho Martín Fierro, Buenos Aires, Imprenta de La Pampa, 1872.

Imagen: “Martín Fierro con guitarra”, serigrafía de Juan Carlos Castagnino (1908-1972).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.