domingo, 18 de junio de 2017

Límites posibles, de Antonio Aliberti (1983)


Lejanía

Mirar hacia delante
y ver la imagen del agua
que se yergue y avanza.
Pulsar la aventura de la sangre
pero no desangrarse;
porque la lejanía es otro abismo
donde también se cae,
como si la espesura de la luz
que se percibe a lo lejos
fuera un pozo profundo
un agujero colgando de los ojos
que no termina nunca.
O que termina siempre en un portón
detrás del cual ya no importa qué hay.


 Antonio Aliberti, Límites posibles. Buenos Aires: Fundación Argentina para la Poesía, 1983.

miércoles, 7 de junio de 2017

La influencia Italiana en la Literatura Argentina, de Renata Donghi Halperin (1983)



«Si recordamos la finísima observación de Francisco Capello –el gran humanista italiano, nuestro huésped de tantos años- respecto a Giuseppe Parini, podríamos ver con mayor claridad la influencia italiana en la Argentina. Capello, al comparar la herencia de Parini con la de Petrarca, afirma: “Parini es grande, no multiplicó su imagen como Petrarca (con el petrarquismo), sino engendró seres vivientes de vida propia: Monti, Foscolo y el mismo Manzoni derivan de él”.
Trasladado lo dicho a nuestro campo advertiremos -¿y cómo no advertirlo?-que el influjo italiano lejos de ser tan visible como el francés, de cuya mayor importancia no cabe dudar, está, metafóricamente, en una corriente subterránea que alimenta como una red sanguínea la obra entera de algunos de nuestros autores, de los cuales no es dado decir de ninguno que responda en un todo al influjo absorbente de un autor italiano, como se dijo, por ejemplo, de Olegario Andrade: “que en todo respondía al influjo absorbente de Hugo”, frase que puede no ser literalmente exacta, pero motivos hubo para llegar a ella.
Lo italiano está más difuso, más difícil de precisar y, cuando se lo hace paladinamente, nos hallamos más ante una reminiscencia vital, consciente o no, que ante una influencia literaria, por lo tanto difícil de encerrar en rígidas afirmaciones, pero si nos detenemos un tanto, si seguimos el desarrollo de la historia y cultura italianas, la acción del individuo por ellas y la reacción ante ellas, no nos será difícil hallar, en estas tierras tan pobladas por descendientes de italianos, algo que no es dado llamar, sino en muy contados casos, imitación o absorción exterior, pero, eso sí, prolongación o perduración de lo que ya fuera, algunas veces, superado en su tierra de origen.
Lo italiano, dicho con cierta exageración, no ha sido imitado; en muy pocos casos es dado hallar una situación que nos haga volver hacia un sospechado original, pero menos difícil es hallar el tono que nos conduce a un Pascoli, a un Leopardi, sin olvidar a autores más populares, y por ello más accesibles en determinados ambientes y en determinadas épocas, por ejemplo Ada Negri, Lorenzo Stecchetti y, más que en género alguno, en el teatro popular, el de los sainetes y, más aún, el del grotesco con su gran carga de sentir itálico.
Sentir que los autores habían mamado en la leche materna; enfoque del mundo que llevaban dentro, en que habían crecido; mundo de ilusiones y nostalgias; de desconciertos y amargura.
A fin de tener más clara visión del influjo italiano en la literatura argentina, distinguiremos diversos momentos que es dado hallar en tal proceso. Distinción que no importa un corte neto entre un momento y otro, sino zonas en que es dado precisar más nítidamente los caracteres de cada una de ellas.
El más fácilmente distinguible es, sin duda, el anterior a la liberación y unificación italianas, con sus grandes poetas: Dante y Petrarca que emergían de siglos lejanos y los de su propio tiempo: Leopardi, Mazoni, Parini, Foscolo, Pellico.
Luego de la unificación comienza, hacia 1880, la gran inmigración italiana al país que se prolongará, en mayor o menor escala, hasta el estallido de la primera guerra mundial. Los poetas que representan este momento son la llamada tríade grande: Carducci, Pascoli, D’Annunzio y, más populares, Ada Negri y Lorenzo Stecchetti, ya nombrados.
El tercer momento es más difícil de precisar, ya que, si bien los poetas citados todavía son presencia viva en el ámbito argentino, se van esfumando ante la imagen de la Italia fascista y el autor más leído será, precisamente por su antifascismo: Ignazio Silone y con él otros menos populares, por ejemplo Salvemini y por el mismo motivo.
El actual surge con la terminación del fascismo, que implicó renovación en el mundo cultural de Italia, por ello más complejo por su apertura, su vuelco hacia lo exterior, todo ello reflejado en los grandes narradores: Calvino, Pavese, Vittorini, Gadda, etc., con sus grandes poetas: Quasimodo, Montale, Ungaretti, que tanto repercutieron en nuestro país, traducidos por destacados poetas jóvenes, generalmente de raigambre itálica.
Para muchos argentinos resulta difícil tener conciencia de que Italia, la nación que con anterioridad a las occidentales se desligó de la unidad tribal, sea, en cuanto estado, más reciente que el nuestro. Pocos tienen conciencia de que sólo en 1861 Italia se consideró existente en cuanto tal y recién en 1870 tuvo su capital definitiva y tan sólo con la guerra del 1915-18 consiguió las provincias irredentas, Trento y Trieste y, con ellas, la posibilidad de considerarse completa.
Si tenemos en cuenta las fechas indicadas, hallaremos que la Argentina, considerada nueva, ya había realizado por aquel entonces no solamente la Revolución de Mayo de 1810, la proclamación de la Independencia en 1816, sufrida la tiranía de Rosas, promulgada la Constitución en 1853; vale decir que, cuando Italia luchaba en los campos de batalla, la Argentina tenía casi medio siglo de existencia.
A pesar de las conocidas vicisitudes históricas de los siglos que siguen al derrumbe del Imperio Romano, desde el XIV, y aún hasta el XVIII, el influjo de Italia fue enorme, sin embargo más preclaros pues –como bien observa nuevamente Francisco Capello- hasta la unidad del país un Dante, un Petrarca, un Miguel Angel, etc., etc., eran considerados universales: de allí la nueva postura cuando Italia, surgida de sus ruinas, los reclamó para sí. Sin embargo bueno es tener presente que, si no es posible estudiar los siglos renacentistas franceses sin acudir a los humanistas italianos, en España tal influjo fue menor y lo hallaremos casi nulo en las colonias de la corona española, dada la poca apertura hacia el mundo exterior.»

Renata Donghi Halperin, “La influencia Italiana en la Literatura Argentina”, en Francis Korn (compiladora), Los italianos en la Argentina. Buenos Aires: Fundación Giovanni Agnelli, 1983.

[
“Contribución al estudio del italianismo en la República Argentina”, Volumen 1; Volumen 6 de Cuadernos del Instituto de Filología/ Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras: Instituto de Filología, Imprenta de la Universidad, 1925.]

Fotografía: Biblioteca del Convento dell'Osservanza, Siena.



martes, 30 de mayo de 2017

Mesa redonda: “El italiano y los italianos en Argentina”



Universidad Nacional de Salta Facultad de Humanidades
Instituto de Investigación en Lenguas.

Actividad en adhesión a los actos del aniversario de la República Italiana.

 Viernes 2 de junio de 2017 - 18:30 Hs - Aula: FH3


Coordina: Esp. Fulvia Gabriela Lisi.

“El italiano y los italianos en Salta”
Esp. Fulvia Gabriela Lisi (Universidad Nacional de Salta).

“Breve panorama de la presencia e identidad de los italianos en Córdoba”
Mg. Norma Ceballos de Aybar (Universidad Nacional de Córdoba).

“Altrocché! Los italianos y la ‘gringuidad’”
 Mg. Adriana Crolla (Universidad Nacional del Litoral y Universidad Autónoma de Entre Ríos).

“Representaciones literarias de la emigración italiana a la Argentina”
Dra. Fernanda Bravo Herrera (UBA - CONICET).


La primavera sacra, Scuole Italiane all'Estero. Letture. Classe II (1929)




«La primavera sacra.

Nei tempi antichissimi, quando in una città gli abitanti si facevano troppo numerosi, e non c’era posto, e non c’era il pane per tutti, i giovani e le fanciulle erano consacrati a Dio, e col tornare della buona stagione dovevano partire.
Andavano a cercare una nuova terra, nella quale avrebbero fondato una nuova città.
Lasciavano i loro parenti, le loro case, i loro beni, ed emigravano molto lontano.
Questa emigrazione dei giovani si chiamava primavera sacra: primavera, perchè avveniva col ritorno della primavera; sacra, perchè la gioventù che se ne andava verso un nuovo destino era consacrata a Dio.
Così la Patria portava in terre lontane la propia civiltà.»


Scuole Italiane all’Estero. Letture. Classe II. Roma: Istituto Poligrafico dello Stato, 1929 –VII.

martes, 23 de mayo de 2017

El problema inmigratorio. Sus características en la República Argentina, de Fernando Arturo Bidabehere (1940)




«Antecedentes sobre el crecimiento de la población por el aporte inmigratorio.

1. –El  fenómeno migratorio.

En todos los momentos de la historia se han producido grandes movimientos de masas humanas de uno a otro país. Esto es lo que se llama migración, aún cuando se aplica también igual calificativo al traslado de personas de una región a otra, dentro del mismo país.
El concepto de inmigración y emigración se deriva de ese movimiento de personas y es ya de público dominio su significado. No obstante, puede decirse en términos generales, que es emigrante el nacional que abandona su país de origen. Se transforma en inmigrante en el país de llegada o adopción.
Los nuevos países de América, pobremente poblados, necesitaron el aluvión de emigrantes de otros continentes, especialmente de Europa, para convertirse en naciones progresistas.
Todas las naciones necesitan el elemento humano para desarrollarse económica y socialmente. Luego, cuando están superpoblados ayudan la emigración.
El afán de progresar induce al inmigrante a dejar su país para encontrar otros horizontes donde desarrollar sus aptitudes con mayor beneficio. En su patria natal lucha con muchas dificultades, porque la tierra es cara o porque está superpoblada, porque existen altos impuesto, etc., y su espíritu de empresa no encuentra aplicación. Otras veces es la aventura la que lo mueve a trasladarse a otras tierras y también causas especiales como pueden ser las guerras, las persecuciones políticas, religiosas o raciales. En algunos casos, aunque poco, el inmigrante debe abandonar su patria por causa de destierro.
En general, los que emigran de un país lo hacen voluntariamente y este fenómeno determina consecuencias económicas y sociales. El país de origen pierde una fuerza de trabajo, que representa un valor económico que se incorpora al país de inmigración, pero como a su vez –si existe superpoblación– se descongestiona el mercado de trabajo, disminuyendo la oferta de mano de obra, se benefician los trabajadores nacionales que quedan. Asimismo, el país de emigración gana, porque los emigrantes envían a sus familiares o parientes parte de sus ahorros y establecen una fuente de transacciones comerciales entre los dos países.
Desde el punto de vista social, la incorporación de nuevos pobladores en el país de inmigración, determina la creación de nuevos hogares, con todas las consecuencias inmediatas.
La inmigración –para considerar el aspecto pasivo del país que la recibe– es voluntaria cuando el inmigrante abandona libremente su patria, pudiendo volver cuando quiera (como es el caso de la llamada “inmigración golondrina” que parte de su país de origen para recoger las cosechas en otro país y luego volver con el producto de su trabajo, etc.), y es forzada cuando el inmigrante abandona su país por causa de fuerza mayor, ajena a su voluntad.
La verdadera y fructífera inmigración –dice Moreno Quintana–, es aquella que ingresa al país de adopción compenetrándose en su economía[1].
Las migraciones en otros tiempos muy numerosas, eran más bien movimientos desordenados de masas en los que cada individuo no obedecía más que a su vehemencia personal o a una sugestión colectiva poco ilustrada, mientras que ahora se convierten progresivamente en movimientos reflexivos, sistemáticamente organizados[2]

Fernando Arturo Bidabehere, El problema inmigratorio. Sus características en la República Argentina. Trabajo premiado por la Facultad de Ciencias Económicas. Buenos Aires: Librería y Editorial “El Ateneo”, 1940.

Imagen: fotografía de inmigrantes en el puerto de Buenos Aires.




[1] Lucio M. Moreno Quintana, Inmigración. Buenos Aires, 1920.
[2] Henri Fuss, Migración. Las corrientes emigratorias y problemas que plantean. Boletín del Museo Social, 1935, p. 39.

viernes, 5 de mayo de 2017

Les Argentins. Lignes de vie d'un peuple, de Alice Pouyat (2017)



Para (re)conocer(nos) en otras miradas: Les Argentins. Lignes de vie d'un peuple, de Alice Pouyat (Ateliers Henry Dougier, 2017).

Incluye una entrevista que Alice me realizó el año pasado (me gusta más pensar en una charla): "'Fare l'America': des Italiens qui parlent espagnol. Entretien avec Fernanda Elisa Bravo Herrera, chercher en littérature comparée aux Conicet, sur l'influence de l'immigration italienne".

Para más información: Ficha en Editorial Ateliers Henry Dougier 


Feliz de haber colaborado en el proyecto de Alice Pouyat y agradecida por el espacio en su libro.