domingo, 10 de mayo de 2020

Radiografía de la pampa, Ezequiel Martínez Estrada (1942)





«El criollo, el que encontramos siempre igual desde el Virreinato, no tiene sino lejano parentesco con el hijo del inmigrante. El criollo es un ser que aparece en un hogar constituído y que ha tomado ya las formas universales de la vida argentina. El padre está ubicado y conforme con esta perspectiva que se abre ante él; el hijo nace predispuesto a aceptar la realidad y no necesita desfigurarla ni enaltecerla para creer en ella y demostrar que también está conforme.
Por lo contrario del que decidió quedarse, el inmigrante que vino a irse y se quedó, es un ser inadherente, impermeable y refractario por intenciones ocultas, que trae en su interior, en su alma, el clima, el paisaje, el idioma nativos y que está resuelto a reintegrarse a su medio antes de morir. El hijo de ese ser postizo, aditado a la sociedad, nace con algo de indómito, evasivo y renitente. No acaba de entrar en el álveo de la vida argentina y cuanto más pretende vincularse al cuerpo del todo, más destaca su connatural extranjería. No está conforme, y su actitud, en pro o en contra, es la afirmación de su disconformidad. El hijo del inmigrante toma venganza por los padres, si éstos no han satisfecho su destino, si han sido vencidos. Este hijo, el hijo del inmigrante, es el reivindicador, el eterno defensor de ausentes, con intereses que no son los de la colectividad, con postulados previos discrepantes.»

Ezequiel Martínez Estrada, Radiografía de la pampa. Buenos Aires: Losada, 1942.



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