viernes, 22 de mayo de 2020

Madre tierra, Alejandro Berruti (1920)





«ANTONIO (al advertir a Carmela). – Buenas tardes, señora. ¿No sabe si tardará mucho en volver su marido?
CARMELA (fríamente). – Viene llegando por allí. (Señala izquierda y mutis puerta rancho.)
ANTONIO (hacia izquierda). – Salud, don Pietro. Lo estaba esperando.
PIETRO (entra por izquierda, trayendo una bolsa en una mano y en un hombro colgada la escopeta. Viene sudoroso, fatigado, con visibles muestras de sufrimiento en el semblante). – Bona tarde, Antonio… (A Catalina, entregándole la bolsa.) Tome hiquita, lleve per allá esa patata. Creo que son la última… (Deja la escopeta arrimada a la pared del rancho y vuelve junto a Antonio. Sacándose el sombrero y secándose el sudor con un pañuelo rosco.) ¿Qué dice, Antonio? Siéntese. Yo estoy muy cansado. ¡Qué giornata terrible!... (Ambos se sientan.)
ANTONIO. – Efectivamente, estamos pasando un verano espantoso y para colmo con una sequía tremenda.
PIETRO. – ¿Me buscaba por algo osté?
ANTONIO. –Sí; quería conversar un rato, ya que pronto dejaré estos pagos, aunque pienso volver para despedirme el día de mi partida.
PIETRO (sorprendido). – ¿Cúme, se va de la colonia?
ANTONIO. – Sí, amigo; no deseo estar más al servicio del señor García Castro. Me voy a probar suerte en la ciudad.
PIETRO. – ¿Ha tenido algún disgusto con el patrón?
ANTONIO. – No, pero me resulta violento cumplir ciertas órdenes. Yo no tengo carácter para algunas cosas. Demasiado he cumplido trabajos contra mi voluntad. Ahora, no sé si sabe, el patrón ha resuelto desalojar a varios colonos.
PIETRO. – Lo sé; a me anque.
ANTONIO. – Bueno, y eso yo no lo hago, ni quiero verlo. Prefiero irme, antes que tomar parte en una infamia semejante.
PIETRO (suspirando con honda tristeza). – Ecco il fruto de sei año de trabaco en este campo; quedar en la calle y esposto a morirme de hambre con la familia. ¡Osté había recibido ya la orden del desaloco?
ANTONIO. – No; yo tengo noticias no más; el que ha recibido las órdenes es el juez de paz que no tardará en notificarlo. Yo no quiero saber nada; por eso me voy. Y quería ponerlo en aviso por si no lo sabía. Creamé que me duele darle esa mala noticia, porque yo lo aprecio mucho a usted.
PIETRO. – Mucha gracia. (Al ver que Carmela entra por puerta rancho.) No diga nada más; no quiero que ella sepa esto. La póvera stá delicada de salute.
ANTONIO (incorporándose). – Está bien. Bueno; me voy a ver si empiezo a arreglar mis cosas. (A Carmela.) ¿Qué tal señora, cómo le va?
CARMELA. – Sempre lo mismo.
PIETRO (a Carmela). – Antonio se ne va de la colonia.
CARMELA (indiferente). – Será per mecorar.
ANTONIO. –Posiblemente. Antes de irme del todo, vendré a despedirme de ustedes.
CARMELA. – Cuando guste.
PIETRO. – Disculpe se no lo convidamos cume ante aunque sea con mate cocido. Hace tiempo que no podemo darse ese luco.
ANTONIO (palmeándole la espalda a Pietro). – Lo agradezco lo mismo, amigo. En cambio le voy a tomar un trago de agua, porque mucha sed, ¿eh?
PIETRO. – ¡Cúme no! De eso tenemo todavía.»


Alejandro Berruti, Madre tierra. Drama en tres actos.
Estreno el 16 de noviembre de 1920 en el Teatro Nuevo de Buenos Aires, por la Compañía Rivera-De Rosas.

Bibliografía: Luis Ordaz (selección, estudio preliminar y notas), El drama rural. Buenos Aires: Librería Hachette, 1959.

Testimonio del dramaturgo Alejandro Berruti para el Ciclo Reseñas del Departamento de Letras de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata, disponible online: Repositorio Institucional de la UNLP




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