sábado, 7 de septiembre de 2013

Diario de ilusiones y naufragios, de María Angélica Scotti (1996)



«Y recuerdo. Me vienen las oleadas del pasado: un aroma de naranjas dulzonas como las que transportábamos en la balandra, y entonces lo veo a Padrazo manejando el timón. O me viene a la boca el rumor de las canciones infantiles que tarareaban mis hermanas mientras jugueteaban. Y me pregunto: ¿dónde están esas imágenes, esos ecos, esos olores? ¿Quién se los ha tragado? ¿El viento, los años?
Quisiera preservar algo de ese mundo, una brizna al menos. Presurosamente, antes de que se disipe la lumbre del crepúsculo, recorro las fotografías y hojeo mi diario, el que tanto me ha acompañado. Releo mi última historia, lo único que escribí en estos largos años. Tratando de trazar una huella final. Un retal de nuestras vidas. El breve relato dice así:

Érase una vez una familia de gringos que vino a estas comarcas con copiosas ilusiones y avidez de aventuras. […] Y la hija mayor no se atrevió a la aventura sino que, medrosamente, se recluyó en la orilla, aislada del mundo, y se empeñó en desliar paso a paso sus ensueños y tenaces recuerdos.» 

Scotti María Angélica, Diario de ilusiones y naufragios, Emecé, Buenos Aires, 1996.

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