martes, 3 de abril de 2012

Inmigración: conflictos culturales y problemáticas de la identidad


Las miradas de los otros*

Fernanda Elisa Bravo Herrera

La inmigración es un hecho social complejo, heterogéneo y multifacético, que no implica sólo una movilidad geográfica-social, resultante mecánica de factores macroeconómicos y proyectos políticos, sino también problemáticas y procesos de conexión dialéctica y conflictiva entre diferentes identidades, culturas y referentes sociales – inscriptos en recorridos personales, familiares y grupales – que dan cuenta de la elaboración de relaciones y experiencias de movilidad simbólica, pertenencias, pérdidas, identificaciones y diversidades, significativas desde la alteridad en la cotidianeidad, en la memoria y en el imaginario social. Este artículo intentará aproximarse a las problemáticas identitarias y culturales de la inmigración en general, señalando algunas cuestiones particulares y fragmentarias de la emigración italiana en la Argentina y de la argentina en Italia – en relación con producciones literarias argentinas – como una invitación abierta a pensar la propia historia y el presente.

Fronteras e identidades en conflicto
La emigración es un fenómeno pluridimensional, conectado con los sistemas sociales y culturales, que no comprende únicamente una movilidad demográfica, geográfica, territorial y judicial dentro o fuera del propio espacio nacional o del de la comunidad de origen sino también procesos de construcción de nuevas y diferentes formas de pertenencia social[1]. Es decir que la emigración no es tan sólo un resultado automático e indiferenciado de procesos de masa condicionado exclusivamente por factores macroeconómicos, sino, sobre todo, desplazamiento cultural complejo ya que se modifican las formas y los contenidos lingüísticos, cognitivos y simbólicos de los lugares colectivos de reconocimiento y de los sistemas de referencia sobre los cuales se construyen la identidad, la memoria, la conciencia simbólica y las interpelaciones sociales del proceso ideológico de sometimiento y cualificación[2]. Estas transformaciones determinan la conflictividad de la emigración, la problemática del “sentirse otro” en las diferencias identitarias, las contradicciones entre integración y shock cultural, entre enriquecimiento y “luto”. La condición de emigrante, por tanto, no se determina solamente desde lo jurídico sino también desde lo psicológico y simbólico-social: el “sentirse otro” en la mirada de los otros y en la propia mirada. La problematización de la identidad, conectada dialécticamente con la cultura, surge en el marco del fenómeno emigratorio con la constatación de las diferencias y las comparaciones entre dos referentes sociales diversos – la sociedad de origen y la de adopción – que “discursivizan” complejos proyectos de socialización y de elaboración de relaciones entre dominados y dominantes, hegemónicos y subalternos, entre olvido y memoria. Esta conflictividad evidencia las dificultades del emigrante que en la movilidad experimenta las contradicciones espaciales (el ambiente nuevo y el de origen), temporales (el eje pasado / presente) y los mecanismos de alienación y extrañamiento que lo significan extranjero ante los otros, en ruptura con una “norma”, y ante sí mismo, sumergiéndose en una crisis, en una soledad existencial, difícilmente comunicables. El extrañamiento – construido en la mirada de los “otros”, sean los de la comunidad de origen que no se han desplazado como los del lugar de “adopción” – inevitablemente borra o desfigura rasgos identitarios, remarcando la diffèrence  con la identidad de la mirada que interpela e instalando analogías de la diferencia bajo el común denominador de la alteridad y las múltiples distancias. Estos mecanismos configuran el shock y el stress socio-cultural de la emigración, vivida como una experiencia de luto, de pérdida y de muerte, unida a sentimientos de culpa y vergüenza hacia el país, hacia las personas más queridas que se han abandonado y, simbólicamente, hacia sí mismos, ya otros que se han perdido. Muchas de las enfermedades físicas, crónicas, psíquicas y de los accidentes socio-psíquicos tienen sus ocultas explicaciones y causas en los conflictos y en las crisis de una aculturación conflictiva, de las pérdidas y violencias sin conciliaciones de la emigración[3]. La herida del shock cultural disminuye si la distancia entre los referentes sociales es menor, es decir si hay afinidades y contactos entre los sistemas culturales, si los inmigrantes son acogidos por una comunidad de compatriotas que funciona como puente de introducción gradual, de seguridad y de identificación y si la política del país de recepción reconoce un pluralismo cultural que, con una invitación a la asimilación, no enmascare el rechazo, la desvalorización, la negación y la cancelación de las diferencias, revelando así la incompatibilidad y la intolerancia hacia lo diverso.
Otros mecanismos que contribuyen a aliviar la pérdida de la “patria existencial” son la socialización anticipatoria y la reactivación del sentido de identidad. El primero implica la disposición al cambio y la aceptación del precio a pagar a fin de alcanzar una mejoría económica, negando la alteridad (la propia identidad y la del grupo de origen) e identificándose con el otro dominante y hegemónico. El segundo es la asunción de la “lealtad” a la pertenencia y a la identidad originales, reforzando la auto-estima en la base de un status de prestigio cultural o de poder económico o mitificando el origen, en la seguridad del aislamiento de una micro-comunidad o del regreso al “centro” de pertenencia, del cual, simbólicamente, jamás se alejó. Por otra parte, es necesario recordar que los conflictos culturales y las crisis identitarias relacionadas con la inmigración, inscriben en sí las huellas y los signos legibles de proyectos ideológicos en conflicto y que, tanto en Italia como en la Argentina, los inmigrantes fueron objeto de decir, del hacer y del mirar la alteridad, constituyendo así para los políticos y los intelectuales sólo fantasmas de un sueño (o de una pesadilla), pretextos para batallas ideológicas, chivos expiatorios de proyectos fallidos[4]. Esto significa, además, que todo el proceso de inmigración italiana en la Argentina es narrado – interpretado – en los textos literarios y registrado en los debates políticos y que estas inscripciones discursivas no concluyen cuando finaliza el fenómeno social de inmigración, ya que continúan como indagación en la historia y en la identidad argentinas.

Italianos en la Argentina
La mayoría de los inmigrantes italianos que llegaron a la Argentina[5] en el período comprendido entre la unidad italiana y el inicio de la I Guerra Mundial eran campesinos, que no constituían una clase definida, organizada y tutelada completamente por el Gobierno Italiano. Aunque tenían muchas ideas confusas sobre su lugar de destino (l’America), sus proyectos y esperanzas eran seguros e irrevocables – trabajo, ahorro, regreso en Italia ascendiendo socialmente después de fare l’America – y, por ello, constituyeron una contribución determinante como fuerza de trabajo en la organización y el desarrollo del país. Desde el liberalismo y el proyecto político de la generación del ’80 se expresaba la necesidad y la pertinencia de una inmigración que siguiera el modelo cultural europeo y el modelo social norteamericano con el colono anglosajón. Así, mientras Alberdi sostenía que gobernar es poblar se llamaba a todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo argentino, Sarmiento oponía radical y contradictoriamente la civilización y la barbarie. El resultado fue, sin embargo, diluyente en tanto no pudo llevarse a cabo una selección del grupo inmigratorio, evitando aquella no instruida y la “latina” o de la Europa meridional, que era la que ofrecía la mayor fuerza de trabajo respondiendo a la necesidad y a las demandas del mercado laboral argentino. Las expectativas se vieron frustradas frente a la gran masa de campesino y obreros que, si bien venían de Europa, cuna de la civilización occidental, y eran dispuestas a progresar y trabajar duramente, cargaban con las limitaciones del analfabetismo. En este marco de miradas e interpelaciones ideológicas en el que se recibe la inmigración italiana en masa, su integración fue conflictiva porque ésta era diferente a la imagen pre-construida de la inmigración “teórica” e ideal, factor necesario y activo en el proyecto de formación de la nación aún antes de su desembarco. La inmigración, “indigna” y “peligrosa” era vivida como un fenómeno feroz, negativo, aterrador, que sacudía las estructuras sociales aparentemente seguras y amenazaba el proyecto político, con una creciente criminalidad y un mayor desorden urbanos, con la difusión de ideologías consideradas “subversivas” – el socialismo, el asociacionismo sindical, el anarquismo – y, paradójicamente, con la pérdida de las tradiciones americanas y del nacionalismo representado por el nativismo a causa de la excesiva auropeización y de la apertura indiscriminada del cosmopolitismo como antídoto errado contra la barbarie. Los cuestionamientos xenofóbicos apelaban a la antropología cultural de corte positivista – formulada en Italia – para sostener una política antiinmigracionista, que asociaba – cuando no identificaba – las colonias de inmigrantes con las criminales, señalando las predisposiciones biológicas y raciales de enfermedades psíquicas y sociales, sin reconocer – como lo hiciera el criminólogo argentino Gacitúa – las causas sociológicas de las relaciones entre criminalidad, inmigración y concentración urbana y la necesidad de un sistema legislativo y judicial eficiente e imparcial y, sobre todo, de una política interna adecuada. Las tensiones en el proceso de interrelación cultural opusieron estructuras ideológicas y proyectos de nación en un maniqueísmo que configuraba “arquetipos de marginalidad”[6], inscriptos discursivamente en un complejo corpus literario, que comprendía textos gauchescos como Santos Vega, Martín Fierro, sainetes como los de Eduardo Gutiérrez o producciones “realistas” que seguían el modelo  del naturalismo francés, como las de Cambacères, Sicardi, Argerich, sólo para mencionar algunos. El nacionalismo de la clase dominante argentina – para autoafirmar, definir y legitimar la construcción de una identidad y de un proyecto nacionales – apelaba, entonces, con la gauchesca, a la defensa del ambiente rural, del gaucho como arquetipo ausente, como figura mítica e ideal que, oponiéndose al inmigrante “real” e histórico, proponía valores patriarcales basados en la tradición, en la tierra, en la pertenencia e identificación con una historia y una cultura. Por otra parte, mientras las dificultades de adaptación e integración de los inmigrantes, sus concepciones de la vida y del trabajo y sus contradicciones eran ridiculizadas a través de lo cómico y lo grotesco de las parodizaciones sainetescas, a través del positivismo la oligarquía liberal denunciaba los problemas y las transformaciones sociales con el ingreso del gringo en la Argentina. Estas producciones – además de funcionar como cajas de resonancia que explican y narran el contexto de producción y registrar las ideologías y los discursos circulantes – van modelando el estereotipo del inmigrante, que configurará un nudo de sentido interpelativo y modelizador del discurso hegemónico y de la conciencia social, de la comprensión de la memoria, de la historia, del proyecto nacional, de la identidad en la Argentina. Estos choques y conflictos culturales paulatinamente se resolvieron en forma positiva con la integración y la gran movilidad social, favorecidas con la campaña de argentinización, de alfabetización pública y de economía exportadora de la Argentina, con las distancias menores entre la cultura argentina y la italiana (proximidad de la lengua, comunidad de religión), con la socialización anticipatoria del grupo inmigrante y con la reactivación del sentido de identidad a través de campañas de corte risorgimentale o neocolonialistas, del fuerte asociacionismo, del éxito y progreso económicos, permitiendo así el ascenso y el prestigio sociales, la alfabetización, el protagonismo en diversos sectores e instituciones. La configuración del nuevo orden social argentino se inscribe en diferentes textos que señalan, en forma afirmativa y optimista, la solución de las contradicciones y las batallas ideológicas en la síntesis, la identidad y el porvenir nacionales basados en el crisol de razas. Basta recordar la unión de Victoria y Próspero de La Gringa  de Florencio Sánchez y el payador Tissone de Adán Buenosayres de Marechal, aún cuando en este último las estrategias carnavalescas permitan jugar con la ambigüedad del panegírico/crítica. El discurso social hegemónico modeliza eufóricamente el inmigrante italiano como sujeto de poder y de prestigio, cualificándolo con valores positivos y heroificándolo en narraciones míticas con final feliz en el programa narrativo del fare l’America, después de superar arduas pruebas. Muchos inmigrantes y sus descendientes ocuparon lugares importantes de decisión y de producción económica, constituyendo una nueva élite, un grupo dominante que se relacionó con antiguas estructuras sociales de poder que ya los aceptaban. Por otra parte, los inmigrantes ya no constituían un grupo intelectualmente deficiente, al revertirse la inicial imagen negativa con la presencia, por una parte, de intelectuales y universitarios italianos exiliados que escapaban de las persecuciones ideológicas y racistas del fascismo y, por otra, de profesionales técnicos y empresarios que invertían económicamente y contribuían con desarrollo tecnológico. El fin de la II Guerra Mundial traerá al sur los últimos barcos de Italia, luego vendrán los múltiples regresos en sus complejas tramas y travesías. Las tramas y las travesías de los regresos.
El boom italiano y las sucesivas crisis políticas y económicas en la Argentina contribuyeron a aumentar la identificación orgullosa con los orígenes italianos – mitificados como modelo positivo – y la formulación de balances y búsquedas hacia el pasado, a fin de explicar una realidad traumática y conflictiva, una identidad nacional, una memoria construida en parte desde la ausencia de un referente cultural, situado en otra orilla. El problema de la inmigración italiana, por lo tanto, aún cuando ya ha cesado como fenómeno demográfico, continúa discursivizado en textos literarios, concentrados en una mirada dirigida a la “interioridad”, es decir, en el diálogo de la memoria – individual y colectiva, como narración del ser, en sus modalidades volitivas, deontológicas y potenciales – con la referencialidad histórica en la cual se ancla. Fragmentación, plurilingüismo, dialogismo confluyen en escrituras con estrategias memorialísticas, biográficas o autobiográficas que textualmente van señalando y acompañando la continua búsqueda y construcción de ese diálogo. En este corpus se encuentran, entre tantos, La busca del jardín de Bianciotti, Santo Oficio de la memoria de Giardinelli, Sobre héroes y tumbas de Sábato, Hacer la América de Orgambide, Oscuramente fuerte es la vida de Dal Masetto, El frutero de los ojos radiantes  de Casullo, Mar de olvido  de Tizziani[7]. Por otra parte, actualmente se produce una emigración de regreso, en “herencia”, es decir, constituida por descendientes de inmigrantes italianos en la Argentina dirigida, esta vez, hacia Italia. Sus nudos fundacionales, no siempre formulados explícitamente, dialogan con los genotextos del corpus anteriormente mencionado: la búsqueda del centro del desdibujado laberinto, el regreso a Ítaca, completamente perdida y sólo conservada en la memoria intergeneracional, la resolución de la identidad. Aún cuando influyan factores económicos, agudizados por las sucesivas y profundas crisis y la política expulsiva de los jóvenes – algunas décadas atrás eran cuestiones políticas -, la emigración de regreso no es resultante automática y exclusiva de estas causas, porque la búsqueda de mayores oportunidades de trabajo y profesionales con retribuciones más altas – que no siempre implican una alta cualificación -, el acceso al llamado primer mundo se conjugan con la fuerte carga emotiva del hijo pródigo (o su “heredero” simbólico) que regresa a la tierra de origen, deseoso de cumplir un proyecto incompleto transmitido inter-generacionalmente. El viaje de regreso significaría, entonces, la búsqueda de un reconocimiento y de un futuro construidos desde el pasado, la construcción del sentido de los espacios “vacíos” y suspendidos de la memoria, la “revancha” silenciosa de aquellos que, cumpliendo el deseo no realizado de sus padres o abuelos – el regreso a la tierra natal – viven y re-viven un doble resentimiento, construido no sólo en forma personal sino también en herencia, fundado en el fracaso de la fantasía del fare l’America y dirigido hacia la patria que los expulsó, Italia, convertida en “deudora” simbólica que no siempre “retribuye”, y hacia la Argentina, la patria en la que no se cumplieron las expectativas, cuya Historia Oficial jamás reconoció el rol activo de la inmigración italiana en la formación de la argentinidad, y que ahora los expulsa dolorosa o indiferentemente.
La relación con el pasado, los “fantasmas de la memoria”, las reelaboraciones y reconstrucciones imaginarias, por lo tanto, son fundamentales en la emigración de regreso, en la conformación de la identidad y de las modelizaciones discursivas de sus protagonistas. Se trata, además, de una emigración particular, porque no puede identificarse con aquella interna a Italia (del campo a la ciudad, del sur al norte), ni con aquella “extracomunitaria”[8], porque los argentinos, descendientes de inmigrantes italianos, tienen la doble ciudadanía y no presentan dificultades en lo que se refiere al derecho constitucional, aún cuando cotidianamente se puedan verificar intolerancias, prejuicios y exclusiones. Sin embargo, los conflictos fundamentalmente se centran en la configuración identitaria y cultural, ya que no se es extranjero – argentino o italiano – completamente, sino otro fragmentariamente: no se comparte la misma lengua, pero sí algunos rasgos culturales de reconocimiento del pasado de origen, se encuentra familiaridad en las diferencias y diferencias en la familiaridad. La misma designación dual de la identidad, “ítalo-argentina”, señala la compleja red de reconocimientos, anclajes e interpelaciones estructurantes, de confronto entre dos identidades cercanas pero diferentes a la vez – inscriptas en la tensión de dos signos deícticos, de dos universos simbólicos que determinan el itinerario “cíclico” en herencia -, un mirar y comprender más “extensos”, por movilidad y “fragmentariedad”, de los múltiples otros y de la propia identidad.



* Artículo publicado en la Revista Claves, dirigida por Pedro González. Salta: diciembre, Año X, N° 106,  2001, pp. 10 – 11.

[1] Cfr. Di Carlo, Angelo – Di Carlo, Serena, I luoghi dell’identità: dinamiche culturali nell’esperienza di emigrazione. Ilano: Angeli, 1986.
[2] Cfr. Therborn, Göram, La ideología del poder y el poder de la ideología. Madrid: Siglo XXI, 1987.
[3] Cfr. Frigessi Castelnuovo, Delia – Risso, Michele, A mezza parete. Emigrazione, nostalgia, malattia mentale. Torino: Einaudi, 1982.
[4] Cfr. Scarzanella, E., “Gli ospiti ingrati: immigrazione italiana e criminalità nell’Argentina di fine secolo” en AAVV, Atti del Convegno Storico Internazionale sull’Emigrazione. Milano: Electa, 1991.
[5] Cfr. AAVV, Todo es historia, N° 296, Febrero, 1992; Blengino, Vanni – Franzina, Emilio – Pepe, Adolfo (comps.), La riscoperta delle Americhe. Milano: Teti Editore, 1994; Blengino, Vanni, “Immigrazione italiana, letteratura e identità nazionale argentina” en Nova Americana, 3. Torino: Einaudi, 1981, 331-353.
[6] Cfr. Campra, Rosalba, América Latina. La identidad y la máscara. México: Siglo XXI, 1987; Flawiá de Fernández, Nilda, “Inmigración, utopía e historia en dos momentos de la narrativa argentina” en Quaderni Iberoamericani I, 81-82, 39-50.
[7] En el espacio salteño, La mala leche de Martha Grondona y Augustus de Liliana Bellone.
[8] Cfr. “Italiano ‘vu’turnà: arrivano a migliaia dal Sud America e si trovano in condizioni anche peggiori dei nordafricani” en La Stampa, 26/7/1989; “La gran paura di Udine. Il tifoso che non se ne va più” en La Repubblica, 3/8/1989.

2 comentarios:

  1. Estimada Fernanda,soy prof. de italiano de Rosario y buscando material para mi tesis sobre la influencia de la inmigración italiana en Rosario (o Santa Fe) a través de los manuales de historia, encontré su blog, por lo que quisiera preguntarle si conoce publicaciones o estudios que pueda indicarme.
    Atte. Mirena Krichman (mirenakr@gmail.com)

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  2. Mirena, mil disculpas por responder recién hoy y muchas gracias por escribirme. Muy interesante el tema de su tesis. La bibliografía vinculada con la inmigración italiana en Argentina, desde lo histórico, es abundante. Específicamente en Rosario o Santa Fe, le puedo señalar los textos clásicos de Gastón Gori, que seguramente conoce, y que se refieren a la "pampa gringa": "La tierra ajena. Drama de la juventud agraria argentina", "El pan nuestro. Panorama social de las regiones cerealistas argentinas", "Esperanza, madre de colonias", "Inmigración y colonización en la Argentina", "La Pampa sin gaucho. Influencia del inmigrante en la transformación de los usos y costumbres en el campo argentino en el siglo XIX". Podría ser interesante también consultar/leer las dos novelas de Gori: "El desierto tiene dueño" y "La muerte de Antonini". Otros textos que le puedo aconsejar, que pueden ser pertinentes para su investigación son, dentro de la literatura: de Lermo Rafael Balbi, "Continuidad de la Gracia" y "Los nombres de la tierra", de Norma Battú, "Antiguos cuentos de Colonia Emilia y zonas vecinas", "Las italianas. Historias de inmigrantes italianas afincadas en colonias agrícolas santafesinas y de sus descendientes", de José Carmelo Busaniche, "Hombres y hechos de Santa Fe", de Oscar Luis Ensinck, "Historia de la inmigración y la colonización en la provincia de Santa Fe", de Julio Djenderedjian, "Gringos en las pampas. Inmigrantes y colonos en el campo argentino". Susana Colombo publicó en la Universidad Nacional del Litoral "Homenaje a la mujer italiana. Voces escritas" (que yo sepa, dos volúmenes, no sé si han publicado un tercer volumen). De la zona litoraleña, Benito Zamboni (L'Ortolano), "Escenas familiares campestres" (Posadas). Otro clásico que le puedo aconsejar es "In America" de Edmondo De Amicis. Hay textos más amplios, que retoman la historia de la inmigración italiana (y no solo) en la Argentina. Solo para mencionar algunos: "La inmigración fascista en la Argentina" de Federica Bertagna, "La Merica che non c'era. L'utopia della terra promessa nelle storie degli emigranti piemontesi in Argentina" de Donato Bosca, "La frontiera immaginata. Profilo politico e sociale dell'immigrazione italiana in Argentina nel secondo dopoguerra" de Lucia Capuzzi, "Historia de los italianos en la Argentina" e "Historia de la inmigración en la Argentina" de Fernando Devoto, "La inmigración italiana en la Argentina" de Fernando Devoto y Gianfausto Rosoli (ed.). Si bien se trata específicamente de Córdoba, le puedo aconsejar de Trinidad Blanco de García (ed.) "Presencia e identidad de los italianos en Córdoba".
    Espero que estos datos le puedan servir.

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