jueves, 9 de junio de 2016

Autobiografía, de Victoria Ocampo (1952)



«Como yo seguía en ese momento, los courses de Hauvette sobre Dante, hablábamos [Victoria Ocampo y el pintor Dagnan Bouveret] de la Divina Comedia. Yo le contaba, con entusiasmo, mis impresiones de colegiala. Tantos comentarios le hice que decidió colocar en la mesa en que yo me apoyaba (para el retrato) una cabeza de Dante que tenía en el atelier. A mí me pareció perfecto. Pero cuando se entera-ron en casa de la presencia de una “lírica hiena” (como diría Ortega en un futuro prólogo) en la composición de un retrato mío, le hicieron notar, con diplomacia, al pintor, que ese nuevo adorno no le iba a una chica de diecinueve años y que resultaría pretencioso, o sería interpretado como manifestación de un ridículo basbleuisme. Dagnan contestó que mi afición por Dante le parecía justificar plenamente “el adorno”, pero que estaba dispuesto a borrarlo y reemplazarlo por unos pensamientos o una rama de laurel en un florero. Así lo hizo. Nos separa-ron, pues, a Dante y a mí, en efigie, y el mundo vegetal ocupó su lugar sin (en mi memoria) “briser son absence”. Tan no la quebró que mi primer artículo, publicado en La Nación, fue un comentario sobre la Comedia (diez años después....es decir después de diez años de navegar contra viento y marea). Mis entusiasmos, CUANDO NO HAN SIDO DEFRAUDADOS, han sido tenaces y tentaculares como la glicina.»


Victoria Ocampo, Autobiografía II. El imperio peninsular. Buenos Aires: Sur, 1952.

Retrato de Victoria Ocampo por Dagnan Bouveret (1910). Propiedad: Villa Ocampo (San Isidro, Buenos Aires).
Bosquejo de retrato de Victoria Ocampo por Dagnan Bouveret (1910). Propiedad: Villa Ocampo (San Isidro, Buenos Aires).


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