martes, 23 de mayo de 2017

El problema inmigratorio. Sus características en la República Argentina, de Fernando Arturo Bidabehere (1940)




«Antecedentes sobre el crecimiento de la población por el aporte inmigratorio.

1. –El  fenómeno migratorio.

En todos los momentos de la historia se han producido grandes movimientos de masas humanas de uno a otro país. Esto es lo que se llama migración, aún cuando se aplica también igual calificativo al traslado de personas de una región a otra, dentro del mismo país.
El concepto de inmigración y emigración se deriva de ese movimiento de personas y es ya de público dominio su significado. No obstante, puede decirse en términos generales, que es emigrante el nacional que abandona su país de origen. Se transforma en inmigrante en el país de llegada o adopción.
Los nuevos países de América, pobremente poblados, necesitaron el aluvión de emigrantes de otros continentes, especialmente de Europa, para convertirse en naciones progresistas.
Todas las naciones necesitan el elemento humano para desarrollarse económica y socialmente. Luego, cuando están superpoblados ayudan la emigración.
El afán de progresar induce al inmigrante a dejar su país para encontrar otros horizontes donde desarrollar sus aptitudes con mayor beneficio. En su patria natal lucha con muchas dificultades, porque la tierra es cara o porque está superpoblada, porque existen altos impuesto, etc., y su espíritu de empresa no encuentra aplicación. Otras veces es la aventura la que lo mueve a trasladarse a otras tierras y también causas especiales como pueden ser las guerras, las persecuciones políticas, religiosas o raciales. En algunos casos, aunque poco, el inmigrante debe abandonar su patria por causa de destierro.
En general, los que emigran de un país lo hacen voluntariamente y este fenómeno determina consecuencias económicas y sociales. El país de origen pierde una fuerza de trabajo, que representa un valor económico que se incorpora al país de inmigración, pero como a su vez –si existe superpoblación– se descongestiona el mercado de trabajo, disminuyendo la oferta de mano de obra, se benefician los trabajadores nacionales que quedan. Asimismo, el país de emigración gana, porque los emigrantes envían a sus familiares o parientes parte de sus ahorros y establecen una fuente de transacciones comerciales entre los dos países.
Desde el punto de vista social, la incorporación de nuevos pobladores en el país de inmigración, determina la creación de nuevos hogares, con todas las consecuencias inmediatas.
La inmigración –para considerar el aspecto pasivo del país que la recibe– es voluntaria cuando el inmigrante abandona libremente su patria, pudiendo volver cuando quiera (como es el caso de la llamada “inmigración golondrina” que parte de su país de origen para recoger las cosechas en otro país y luego volver con el producto de su trabajo, etc.), y es forzada cuando el inmigrante abandona su país por causa de fuerza mayor, ajena a su voluntad.
La verdadera y fructífera inmigración –dice Moreno Quintana–, es aquella que ingresa al país de adopción compenetrándose en su economía[1].
Las migraciones en otros tiempos muy numerosas, eran más bien movimientos desordenados de masas en los que cada individuo no obedecía más que a su vehemencia personal o a una sugestión colectiva poco ilustrada, mientras que ahora se convierten progresivamente en movimientos reflexivos, sistemáticamente organizados[2]

Fernando Arturo Bidabehere, El problema inmigratorio. Sus características en la República Argentina. Trabajo premiado por la Facultad de Ciencias Económicas. Buenos Aires: Librería y Editorial “El Ateneo”, 1940.

Imagen: fotografía de inmigrantes en el puerto de Buenos Aires.




[1] Lucio M. Moreno Quintana, Inmigración. Buenos Aires, 1920.
[2] Henri Fuss, Migración. Las corrientes emigratorias y problemas que plantean. Boletín del Museo Social, 1935, p. 39.

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