martes, 13 de noviembre de 2012

Anarchia, Mario Vando (Severino Di Giovanni), 1930



¡ACCIÓN…!

Si un lema debemos grabar en nuestra roja bandera de rebelión; si una exclamación de rabia y de instigación debemos bramar a través de todos los espacios; si una frase debemos percutir sonoramente sobre el yunque de la más férrea realidad, esa debe ser únicamente, en este momento sombrío:
¡Acción…!
Y estamos en buena hora.
La marea alta de la reacción internacional no hace otra cosa que subir vertiginosamente. Amenaza con arrollar irremisiblemente todas nuestras defensas.
Ella, la reacción negra y sanguinaria, cínica y homicida, sádica y obscena, se ha encaminado a gran carrera con las perspectivas de nuestras metas para aterrar, aniquilar, matar todo brote de resurrección.
Alrededor nuestro no hay otra cosa que brillar de bayonetas, fogonazos y detonaciones de fusiles, cárceles abiertas de par en par para recibirnos y enterrarnos vivos, patíbulos levantados para estrangularnos, el terror diseminado por todos lados, matanzas cometidas hasta en el rincón más remoto, violaciones al derecho humano escupidas en la cara de todos, en fin, la destrucción más terrible nos circunda y nos oprimiendo.
Estas líneas no son producto de una perturbación o borrachera. No representan una alteración de los acontecimientos; no, solamente representan lo que estamos constatando desde hace un tiempo y que no tendrá fin sino cuando nos lancemos de cabeza contra todas las murallas del despotismo.
Agitar el espíritu humano, rebelarse en esta hora oscura, vengar a los caídos bajo el peso de la barbarie y de la prepotencia burguesa, deben ser los deberes constantes de cada revolucionario, hoy, mañana, siempre.
¡Tenemos en nuestro poder mil armas mucho más potentes que aquellas adoptadas por el espíritu estatal; armas que nos pone en las manos la química y la inteligencia individual; sólo debemos premunirnos de la más sutil circunspección, de toda la suma de precauciones, desconfiar aún de nuestra madre antes y después de haber obrado.
Podemos –si queremos- triturar la prepotencia de ellos bajo la poderosa maza de nuestra santa ira, aplastarla y arrollarla con el alud de nuestra rebelión.
¡Todo es bueno hoy en día!
Martillemos furiosamente todas las paredes de la opresión. Grabemos con nuestras armas vindicadoras de ¡Acción! En todas las murallas de la defensa estatal.
Formemos y entretejamos en nuestra sangre y en nuestras fibras la nueva conciencia rebelde que deberá hacer resurgir nuestra vilipendiada y estúpida dignidad.
Elevemos con todas las fuerzas de nuestros seres la llama de la fe, la luz del ideal la virtud revolucionaria que han sido siempre las mejores esperanzas de nuestro movimiento.
¡Y a accionar…!
¡Para vindicar a todos los caídos, para liberar a los amenazados por la rabia de todas las reacciones….!
Tengamos siempre presente que los caídos, los mártires, los héroes, la idea, sólo se honran con esta palabra: ¡ACCIÓN…!

Mario Vando (Severino Di Giovanni, Anarchia, 1930, N° 12).

Foto: Severino Di Giovanni, foto de prontuario (junio de 1925) después de la detención en el Teatro Colón.

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