miércoles, 18 de mayo de 2016

Sull'Oceano, de Edmondo De Amicis (1889)



«Erano i cinque argentini, in compagnia del prete napoletano, che venivano per la prima volta a prua a dare un’occhiata ai loro ospiti. Il prete doveva spiegare al deputato un qualche suo progetto d’impresa finanziaria, perché gli dicea forte, agitando la mano come un ventaglio:  ...si se encontràran los accionistas para un gran banco agricola-colonizador... – Ed io mi unii a loro, spinto da una più viva simpatia, in quegli ultimi giorni, per i figli di quel paese a cui tanti miei concittadini stavano per affidare le sorti della propria vita. E cercavano sul loro viso le impressioni dell’animo. Ma essi guardavano e non dicevano nulla. Gli occhi loro, per altro, e ogni minimo atto rivelavan la soddisfazione d’orgoglio ch’ei risentivano al veder tutta quella gente, la quale andava a chieder sostentamento alla loro patria, la maggior parte per sempre, e i cui figliuoli a venire, nati cittadini della repubblica, avrebbero parlato la loro lingua e non più imparato la propria, e mostrato forse vergogna, come troppo spesso accade, della loro origine straniera. Essi forse, guardandoli, si rappresentavano con l’immaginazione tutti quei mangiatori di terra e trafficanti liguri all’opera, e vedevan guizzare le barche cariche sulle acque del Paranà e dell’Uruguay, allungarsi a traverso alle foreste le nuove strade ferrate degli stati tropicali, alzarsi i canneti di zucchero nei campi di Tucuman, e i vigneti sui colli di Mendoza, e le piantagioni di tabacco nel Gran Chaco, e le case e i palazzi sorgere a mille a mille, e miriametri quadrati di deserto verdeggiare e indorarsi sotto la pioggia dei loro sudori. Un’onda di cose mi venne allora alla bocca, da dir loro. Voi accoglierete bene questa gente, non è vero? Sono volontari valorosi che vanno a ingrossare l’esercito col quale voi conquistate un mondo. Son buoni, credetelo; sono operosi, lo vedrete, e sobrii, e pazienti, che non emigrano per arricchire, ma per trovare da mangiare ai loro figliuoli, e che s’affezioneranno facilmente alla terra che darà loro da vivere. Sono poveri, ma non per non aver lavorato; sono incolti, ma non per colpa loro, e orgogliosi quando si tocca il loro paese, ma perché hanno la coscienza confusa d’una grandezza e d’una gloria antica; e qualche volta sono violenti; ma voi pure, nipoti dei conquistatori del Messico e del Perú, siete violenti. E lasciate che amino ancora e vantino da lontano la loro patria, perché se fossero capaci di rinnegar la propria, non sarebbero capaci d’amar la vostra. Proteggeteli dai trafficanti disonesti, rendete loro giustizia quando la chiedono, e non fare sentir loro, povera gente, che sono intrusi e tollerati in mezzo a voi. Trattateli con bontà e con amorevolezza. Ve ne saremo tanti grati! Sono nostro sangue, li amiamo, siete una razza generosa, ve li raccomandiamo con tutta l’anima nostra!»


De Amicis, Edmondo, Sull’Oceano. Milano: Fratelli Treves, 1889.

Ilustraciones de Arnaldo Ferraguti para la edición de 1890.

lunes, 16 de mayo de 2016

Música criolla, de Carlos M. Pacheco y Pedro E. Pico (1906)



«Don Costa. – ¿Y qué anda haciendo por acá?
Ernesto. – Buscando a unos musicantes…. Usted los ha de conocer.
Don Costa. – Ya lo creo. El patrón es el gringo Patrefusque.
(Llamando.) ¡Don Nicola!
Dichos y Patrefusque.
Patrefusque. – (Desde los altos.) ¿Qui fu?
Don Costa. – Baje maestro, que lo buscan.
Patrefusque. – (Bajando.) Come no… Enseguidita.
Ernesto. – ¿Es ese?
Don Costa. – El mismo. ¿Se da cuenta?
Patrefusque. – (Sumamente grave y ceremonioso.) Nicola Patrefusque, taliano sa sacato la carta, maguestro compositore de chierte tanguite cumpedrite come per equemple. (Saca un papel del bolsillo y lee.) Curpia que t'estamo acerrando. Tun Panchite. La muruchita. Acarrame Catoline. Salú Vetorio. No me parece rubite. Avení ca ta prechiso. Spianta ca te case il loro e finalmente mio capo labore, ca tanto sa puete intitulare “Lo tangue de Patrefusque” cume “¿Qui fu ca tirato la pietra?”
Ernesto. – Bueno, amigo, paresé.... ¿De modo que cuenta con un gran repertorio?
Don Costa. – ¿Se da cuenta?
Patrefusque. – Sume in cuatro e lo cuatri siamo argentine cume ta rique per mutive de la carta ca eme sacato.
Ernesto. – ¿Y para qué han sacado la carta?
Patrefusque. – Tanto per potere hacer lu nigucito cu la libreta.
Ernesto. – Está bueno.
Don Costa.- Aquí vive el intendente del comité de la esquina. El Mosquito. Él los ha hecho nacionalizar, ¿se da cuenta?
Ernesto. – Bueno. Se trata de que vayan esta noche a Palermo. Hemos organizado un bailongo en el Bristol.
Patrefusque. – Prefetamente…. Ma deca la direcione.»

Carlos M. Pacheco y Pedro E. Pico, Música criolla. Sainete cómico-lírico-dramático en un acto, dividido en tres cuadros. Música de Francisco Payá (1906).

Enciclopedia secreta de una familia argentina, de Marco Denevi (1986)








Italianos: Para Patrocinio de José, para Santiago de la Traslación y aun para Cuatrosantos, todo sujeto venido de Italia debía ser como los Casamiciolla o como los Mussomelli. No había otros. Los Casamicciola, provenientes de Nápoles, eran gordos, con el pelo negro y crespo, la gesticulación vehemente y un idioma estentóreo. Los hombres tenían vocación por el barrido municipal de las calles, por los carros de verduras y por los coches de plaza llamados mateos. Viejos y jóvenes, todos eran confianzudos, melosos, libidinosos. Las mujeres, siempre en la preñez, alborotadas y sudadas, sufrían la obsesión de lavar la ropa y de orearla en los patios. Los Mussomelli, oriundos de Sicilia, se habían juramentado para la flacura, para la ropa negra y para los secretos de una mafia taciturna, disimulada de albañilería. Sus mujeres, vestidas de luto sempiterno, cuchicheaban entre ellas como para ocultar que en la habitación tenían a un muerto, víctima de alguna venganza. El idioma era un rezo malhumorado, una rencorosa trituración de íes y de úes, pero a veces, en apariencia sin ningún motivo, hombres y mujeres se ponían a chillar. ¿Qué pasaba? ¿Habían recibido la noticia de una nueva vendetta? Misterio. Los Casamiciolla y los Mussomelli compartían la pobreza, la proliferación de hijos, las riñas recíprocas, el olor a ajo y a pimiento morrón.”






Marco Denevi y otros, Enciclopedia secreta de una familia argentina. Buenos Aires: Sudamericana, 1986.


domingo, 1 de mayo de 2016

¿Por qué me siento europeo?, de Jorge Luis Borges (1985)



“Y luego, cuando yo hablo de Europa, no me refiero a una simple entidad geográfica; hablo de algo que para mí está vivo. Quiero decir con ello que tengo sangre española, sangre británica, sangre portuguesa, sangre judía y, de forma mucho más alejada –ello me remonta al siglo XIV–, sangre francés, normanda para ser más preciso. Por muy raros que sean mis ascendientes franceses y por muy alejados que estén, yo tengo el orgullo de haber compuesto, por ejemplo, la Chanson de Roland, y creo que todo europeo debería enorgullecerse de haber compuesto la obra de Hölderlin, la de Racine, la de Shakespeare y, sobre todo, esa obra maestra de la literatura occidental que es –al lado de la Biblia, que es una obra oriental– la Divina Comedia, de Dante. En otros términos, Europa es para mí algo vivo…”

Jorge Luis Borges, “¿Por qué me siento europeo” en El País, Madrid, jueves 17 de octubre de 1985.
Fotografía de Jorge Luis Borges en la Biblioteca Nacional (1962), de Ronald Shakespear.


Imagen: John Speed Europ, and the Cheife Cities Contaned therein Described London 1626. 

Italia, 1750.

sábado, 30 de abril de 2016

"La gloria de Dante", de Paul Groussac (1924)



“La decisión unánime con que las principales naciones del orbe cristiano se han adherido espontánea y activamente al movimiento iniciado en la patria del vate florentino, para solemnizar el sexto centenario de su muerte, confiere a esta celebración conmemorativa, no sólo proporciones nunca vistas, sino también un significado y un carácter sin ejemplo en los fastos literarios. Desde meses atrás, en muchas capitales europeas y americanas, hanse constituido comités dantescos, fundado publicaciones especiales, inaugurado, en fin, por universidades y academias, la más ruidosa apoteosis de aquel arte medieval, que buscara su inspiración y halló su florecimiento en el misterio simbólico y la paz silenciosa de los claustros. Y a nadie que observe consciente la crisis presente de la civilización, le sorprenderá que la panegiria glorificadora revista formas y proyecciones excesivas entre quienes son tenidos en general por tan ajenos al espíritu y tradiciones  de la Edad Media como a las bellezas artísticas de la latinidad: se anuncia que las ceremonias de la celebración «nacional» dantesca se prolongarán hasta el 3 de octubre en Washington y hasta el 17 del mismo mes en Cambridge (¡Massachussets!).
Sin mencionar las innumerables manifestaciones italianas, que natural y plausiblemente se multiplicarán dentro y fuera del reino (no es probable que en entusiasmo y lujo muchas de allá superen a las de Buenos Aires), es sabido que en Inglaterra, Suiza, España, Alemania, Holanda, etc., se han realizado o preparado múltiples actos dantescos. […] En América, casi todos los Estados de la Unión siguen el ejemplo de los citados; y las repúblicas latinas, de Méjico a Buenos Aires, se emulan, según sus medios, en la glorificación. Y no es necesario hacer resaltar la preponderancia excepcional de esta conmemoración en la Argentina, donde la presencia de una colonia enorme que, en número y fuerza activa supera sola a todas las demás juntas del continente, no representa sino una parte de la influencia que aquí ejerce la raza itálica por la fusión de sus elementos con los nativos. Así, pues, no es exagerado decir que no existe en el mundo un centro de cultura –sin excluir acaso a los más considerables del Extremo Oriente– en donde el magno suceso intelectual no haya repercutido, y, hoy por hoy, ¡no aparezca la divisa Pro Dante como el santo y seña de la civilización!”


Paul Groussac, “La gloria de Dante” en Crítica Literaria (Primera edición: Buenos Aires: Jesús Menéndez e Hijo, Libreros Editores, 1924). Buenos Aires: Hyspamérica. Colección Biblioteca Personal de Jorge Luis Borges. 1985.

Imagen: Paul Groussac (propiedad de Aldo Marcos de Castro Paz. Fuente: Genealogía Familiar ).

Primera edición de Crítica Literaria de Paul Groussac (1924).


jueves, 28 de abril de 2016

Dieci anni di CISEI - Due secoli di emigrazione italiana



"Inferno, I, 32" de Jorge Luis Borges (1960)


“Años después, Dante se moría en Ravena, tan injustificado y tan solo como cualquier otro hombre. En un sueño, Dios le declaró el secreto propósito de su vida y de su labor; Dante, maravillado, supo al fin quién era y qué era y bendijo sus amarguras. La tradición refiere que, al despertar, sintió que había recibido y perdido una cosa infinita, algo que no podría recuperar, ni vislumbrar siquiera, porque la máquina del mundo es harto compleja para la simplicidad de los hombres.”

Jorge Luis Borges, “Inferno, I, 32” en El Hacedor (1960)