miércoles, 5 de diciembre de 2018

La comparsa se despide, de Alberto Vacarezza (1932)




«Serpentina - Si me permiten las damas, voy a explicar el sainete porteño.
Film – (Un extranjero) ¿Y qué es eso de la sainete porteño?
Serpentina - ¡Poca cosa!
Un patio de conventillo,
un italiano encargao,
una percanta, un villano,
un yoyega retobao,
dos malevos de cuchillo,
un chamuyo, una pasión,
choque, celos, discusión,
desafío, puñalada,
aspamento, disparada,
auxilio, cana… telón.
Film -                ¿Y todo eso es la sainete?
Serpentina – No se apure, don Mister,
que voy a mandarle el resto;
pues debajo de todo esto
tan sencillo al parecer,
debe el sainete tener
rellenando su armazón,
la humanidad, la emoción,
la alegría, los donaires
y el color de Buenos Aires
metido en el corazón.»

Alberto Vacarezza, La comparsa se despide. Buenos Aires: Tall. Graf. Sudamericanos, 1932.

Fotografía: Casa Colectiva La Nacional, conocida como el «Conventillo de la Paloma», Thames 145/49 y Serrano 152/58 (Buenos Aires).

martes, 4 de diciembre de 2018

La Repubblica Argentina. Annuario dell’Emigrante Italiano, de Edoardo Spiotti (1906)




«Nessuna pagina di questo libro è stata scritta di maniera, o seguendo gl’impeti della improvvisazione, perchè tutte le materie trattate, tutti i consigli raggruppati nei volumi di Repubblica ArgentinaAnnuario dell’Emigrante Italiano – rispecchiamo studii serenamente compiuti, vita variamente vissuta, leggi fedelmente trascritte; perchè lo scopo di questi volumi è quello di concorrere, con tutto l’entusiasmo, a rendere sempre più igieniche le correnti migratorie che, dall’Italia, si spingono al Plata. Giacchè le leggi, di per loro stesse insufficienti, abbracciano appena una meschinissima parte, il viaggio dell’emigrante, ma se poi esso è vinto nella lotta per la vita che deve combattere in paese straniero, viene abbandonato alla carità dei patronati che, o non posseggono i mezzi per esplicare convenientemente la loro azione, o, se li hanno, si studiano di conservarli e aumentarli per opere filantropiche di là da venire; di modo che, al povero emigrato succede come a quei soldati, ai quali si dà ogni facilitazione perchè vadano alla guerra e non li si soccorre quando restano mutilati in una battaglia.
Tutte le guerre, sommate assieme, non hanno fatto tante vittime quanto l’emigrazione. Studiare questo fenomeno così complesso guardando i dettagli o trascurando l’assieme, è lo stesso che preoccuparsi della febbre che affligge un ammalato, senza darsi conto della causa che la produce.
Per questo appunto noi chiediamo al pubblico tutto il concorso che esso può dare, allo scopo ci migliorare questo “Manuale dell’Emigrante”. Il pubblico che emigra, che sta per emigrare, il pubblico che osserva, che ama, che ha palpiti e si preoccupa della sorte di tanta povera gente che abbandona la patria, può, meglio degli altri, dare a noi suggerimenti e consigli, perchè, migliorando l’opera nostra, essa, dalle pagine di questo libro, s’irradi sui nostri fratelli che scelgono l’Argentina per la realizzazione di nuove speranze.»

E. Spiotti, La Repubblica Argentina. Annuario dell’Emigrante Italiano. Anno II – 1906. Genova: Soc. An. Industrie Grafiche ed Affini – Libreria Editrice E. Spiotti – Deposito Generale per la Repubblica Argentina presso Alfredo Cantiello, 1906.

Libro extraño, Tomo III. Don Manuel de Paloche, de Francisco A. Sicardi (1899)




«Genaro canta en el segundo libro el poema del suburbio y con él muere una parte de la vieja alma nacional. El ombú se vá; los cercos de moras y de sina-sina se van. Sobre los charcos mefíticos y verdes, donde se pude la basura y se esfacelan las osamentas abandonadas, se levantan casas pequeñas por todas partes y en el cambio violento de las cosas, hasta el idioma se vá transformando. Ahora don Manuel de Paloche empieza su peregrinación y escribe su libro. Entra en la ciudad con sus ímpetus de iluminado, que vive treinta años adelante como un profeta. Bien pronto el martirio lo espera. Habrá pagado él también tributo, entregando la vida á su credo. Es la repetición de la vieja y triste historia de los sacrificados por la civilización, que se ha entrado aquí á saltos violentos, apurada por la Europa que todo lo ha modificado.
La teja ha desaparecido; el techo de pizarra negrea sobre los palacios; la pintura al óleo tapa los vetustos blanqueos de los frentes y la pared lisa está adornada de columnas y artísticos frisos. Los grandes cristales de las ventanas chisporrotean en la hilera larga de las casas de altos. Por todas partes hay un ímpetu de vida ferviente y alegre. Se edifica con apuro y ya se ha perdido la monástica seriedad de los antiguos edificios con sus grandes patios de baldosas y ladrillos llenos de verdín. Han tronchado las higueras y los parrales de gruesa cepa. El mosaico de color variado es el rey de los pisos y los sustituye. No hay pozos. Algibes quedan pocos. La ciudad tiene sus túneles subterráneos, un dédalo de cañerías que traen agua y gas á torrentes también. Por todas parte cruzan alambres. Buenos Aires es una jaula. La electricidad lleva y trae la palabra y el pensamiento humano; los trenvías, los carros y coches se atropellan en sus calles, chocan y suenan. Un enorme fragor cruza de punta a punta y zumba á lo léjos. Son las notas de la actividad, es el barullo de la colmena. A veces es imposible pasar. Ruedas y lanzas de coches, capotas y gente han hecho una trenza en una boca-calle, y mientras la muchedumbre se aglomera, los vehículos están detenidos atrás en largas y oscuras filas. Se habla un extraño lenguaje, una mezcla de palabras de todos los idiomas. Al fin se mueve la enorme caravana en medio de un pueblo vigoroso, que parece llevar en su sangre los gérmenes sanos de todas las razas. Hay mucho apuro. Cada uno vive por cuatro. La gente muere joven, porque las metamorfosis son violentas.»

Francisco A. Sicardi, Libro extraño. Don Manuel de Paloche. Tomo III. Buenos Aires, Imp. “Europea” de M. A. Rosas, 1899.

Imagen: Estación Terminal Plaza Constitución del antiguo ferrocarril del Sud (Ferrocarril General Roca). Archivo General de la Nación.

lunes, 1 de octubre de 2018

Cuadros sud-americanos de José Ceppi (Aníbal Latino) (1888)




«Cuántas noches, recorriendo las calles solitarias, viendo brillar las pinturas en los vestíbulos, resplandecer las luces en los patios llenos de plantas y flores, resaltar los muebles en las habitaciones cuya débil luz dá un carácter misterioso á las bellas y envidiables habitadoras de las casas, respirando las oleadas de perfumes y de fragancias que salen de las ventanas, oyendo las notas de un piano, las armonías dulces y suaves, las voces sumisas de las mujeres que aparecen y desaparecen, como hadas, en la penumbra de las habitaciones, contemplando todo lo que revela los placeres, las alegrías inefables de la familia, he pensado en la tristeza en la soledad de todos los que viven sin amigos, sin parientes, sin poder nunca fijar sus miradas en otras miradas dulces y cariñosas; he pensado en la melancolía, en el desconsuelo que aquel espectáculo debe infundir en el ánimo de miles y miles de italianos, que después de un largo día de penoso trabajo no encuentran mujeres queridas que los esperen, ni pequeñuelos que los alegren con sus besos y sus sonrisas, ni una voz que los anime en las horas frecuentes de dolor y desaliento: que se ven solos y abandonados en un mundo donde tantos seres aman, sin mas alivio que el pensamiento de la patria lejana, de la esposa, de los hijos, de los parientes y de los amigos que han dejado en Italia!
Es siempre triste en toda edad y en cualquier lugar el aislamiento para el hombre; pero lo es mucho mas en la edad madura y en lugares desconocidos; é indudablemente será siempre sabio consejo decir á los que se ven en la necesidad de emigrar, á los que se resuelven ir á buscar en lejanas tierras el trabajo que no encuentran en la patria, que no partan solos, que lleven consigo la familia, alguno, de los séres que aman.»

José Ceppi (Aníbal Latino), Cuadros sud-americanos. Buenos Aires: Librería Universal de Alejandro Miroli – Librero Editor, 1888.

Imagen: "El viajero", escultura de Bruno Catalano en Marsella (Francia).

“El conventillo” (milonga). Música de Ernesto Baffa y Fernando Rolón. Letra de Arturo De La Torre y Fernando Rolón (1965).





«Yo nací en un conventillo
de la calle Olavarría,
y me acunó la armonía
de un concierto de cuchillos.
Viejos patios de ladrillos
donde quedaron grabadas
sensacionales payadas
y, al final del contrapunto,
amasijaban a un punto
p’amenizar la velada.

Cuando pude alzar el vuelo,
pianté del barro al asfalto,
pretendí volar tan alto
que casi me vengo al suelo.
Como el zorro perdí el pelo
pero agarré la manía
de lofiar la gilería
y al primer punto boliao
con algún fato estudiao
dejarlo en Pampa y la vía.

Una noche, un tal Loyola
me embroco en un guay fulero,
batida, bronca, taquero,
celular, biaba y gayola;
di concierto de pianola
manyando minga’e solfeo
y, aunque me tengo por feo,
colgué mi fotografía
donde está la galería
de los ases del choreo.

Hoy que estoy en los cuarenta,
en el debe de la vida,
chapé una mina raída
que tiene más de la cuenta.;
ando en un auto polenta,
diqueándome noche y día
sin saber la gilería
que me está envidiando el brillo,
que nací en un conventillo
de la calle Olavarría.»

“El conventillo” (milonga). Música: Ernesto Baffa / Fernando Rolón. Letra: Arturo De La Torre / Fernando Rolón (1965). Interpretación: Aníbal Troilo y su Orquesta. Álbum: Un Tango para el Recuerdo.


 Imagen: conventillo de La Boca (Buenos Aires).

El problema del inmigrante y el problema agrario en la Argentina, de Damián M. Torino (1912)



«La República Argentina es un país de inmigración: ocupa, después de los Estdos Unidos, el primer puesto; recibe arriba de 250.000 inmigrantes, de los 2.000.000 más ó menos que la pletórica Europa envía cada año á las otras partes del mundo, especialmente á la América.
La inmigración es, pues, un fenómeno que muy de cerca nos afecta; que mucho nos interesa conocer en sus fases múltiples y complejas; en sus variados detalles; y en la serie de problemas que necesariamente tiene que suscitar esta grande y movible fuerza humana, ya sea que simplemente gravite ó que actúe; ya se concentre ó se esparza en los países que la reciben.
Para naciones en formación como la Argentina, con tierras fértiles y extensas, desocupadas é improductivas por falta del brazo que las fecunde, no puede ser objeto de discusión, no ya las ventajas de la inmigración, sino su absoluta necesidad, como el medio más eficaz de combatir el desierto que aun nos rodea; como el factor más poderoso que ha de poner en movimiento los recursos y riquezas que en su seno lleva ocultos nuestro suelo, y que en todos los tiempos, las naciones que mejor supieron desarrollarlos y aprovecharlos, cimentaron sobre ellos su poderío y civilización.
Estas sencillas consideraciones no podían ocultarse al espíritu fecundo y genial de Alberdi; de ahí su frase célebre: “gobernar es poblar”, lanzada como síntesis de su estudio sobre el entonces anarquizado y empobrecido organismo de la República Argentina, y el que también le permitió conocer y apreciar las poderosas energías de reacción y de salud que en su entraña guardaba, latentes, adormecidas, si se quiere. Por eso fue que al lado del mal que nos aquejaba, perpetuando nuestra desorganización y atraso, señaló con igual acierto los remedios, que á la vez que la salud nos darían poder, riqueza y bienestar. Entre estos remedios, es evidente que la inmigración europea, que hemos recibido desde el principio de nuestra era constitucional, ha sido uno de los más importantes, y continuará por mucho tiempo siendo el nervio y principal resorte de nuestro engrandecimiento futuro; entonces, no es necesario añadir una palabra más para demostrar toda la trascendencia que para nosotros tiene el estudio de la inmigración como tópico económico y social.

[…]

Las vinculaciones intelectuales, sociales y comerciales de las naciones latinas de la Europa con la República Argentina, son cada vez más estrechas, debido á la mayor facilidad y baratura de las comunicaciones; á la más grande importancia de sus intercambios; á la similitud de idiomas, creencias y costumbres; á la mayor atracción que los ya establecidos ejercen en el ánimo de sus parientes y amigos que se disponen á abandonar su país para decidirlos á que vengan en su compañía. Añádase á esto la circunstancia de ser hoy la Italia y la España dos de los países de mayor emigración y de los más prolíficos á la vez, lo que les permite contribuir con centenares de miles de sus hijos á la emigración, sin detener por ello el crecimiento contínuo de sus respectivas poblaciones. 
Estas dos naciones están fatalmente condenadas á vaciar al exterior el exeso de su población, porque no tienen y por mucho tiempo no tendrán, los medios de retenerla en casa. Son de las naciones de predominio agrícola, cuya característica es no poder retener en su seno una población muy densa, que es privilegio de las grandes naciones industriales. Italia, no obstante, constituye una excepción á esta regla: es actualmente una de las naciones más densamente pobladas de Europa, sin ser por ello y sin que pueda serlo en lo futuro una gran nación industrial; pero exepción corrobora nuestra afirmación, puesto que lo que se demuestra con ella es sólo la resistencia extraordinaria de Italia para retener una población superior á su fuerza y medios; y como esta población crece siempre y desborda, la emigración de millares de sus hijos es el forzado tributo que paga á una necesidad superior é ineludible: la de hacer posible, dentro de ella, la vida útil y civilizada para los italianos. 
Se habla mucho del desarrollo industrial de Italia del norte. Somos de los que lo aplauden y admiran; pero creyendo que no puede pasar de los límites discretos que la naturaleza señala. 
La industria italiana se ha desarrollado debido, principalmente a la concurrencia de los factores: el proteccionismo y los bajos salarios que ganan sus clases obreras, á los que se puede agregar un tercero: la utilización de sus abundantes caídas de agua para la producción de la energía eléctrica. No obstante, que con el proteccionismo asegura la industria italiana el mercado interno, sus condiciones económicas son tan desventajosas respecto de las grandes naciones industriales, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Francia, que tiene planteado este dilema: el costo de producción debe ser pequeño ó la industria imposible; de ahí que los salarios no puedan mejorar en proporción apreciable, mucho menos igualar á los que gana el norteamericano. Italia no podrá libertarse del salario relativamente bajo; no podrá, por lo tanto, libertarse del grueso tributo que paga á la emigración. Hay, dice Raffalovich (página 502 del Marché Financiar, 1909-1910), “una relación estrecha entre la situación industrial, la necesidad de mano de obra y la emigración; la intervención del estado es impotente. Tan largo tiempo como los americanos paguen salarios más elevados que la Europa, la emigración continuará”.»


Damián M. Torino, El problema del inmigrante y el problema agrario en la Argentina. Buenos Aires, 1912.



sábado, 29 de septiembre de 2018

El frutero de los ojos radiantes, de Nicolás Casullo (1984)




«Ella tenía diez años y dormía con su hermana porque eran huérfanas: así le contó Giovanna tomando la leche caliente en la posada del puerto de Génova. Ella también le dijo que su tío estaba allá, en América, desde hacía diez años y con muchas casas compradas para vivir; muchas casas le volvió a decir Giovanna cuando el hombre de la bufanda anunció que habría tormenta en el mar. Ese miedo de verlo durmiendo con los ojos abiertos y su padre que desató la valija, buscó el paquete de cartas y el dinero y lo escondió dentro de la camiseta y cerró la valija, la puso contra la mampara de la bodega para apoyar la cabeza y roncar fuerte, como siempre, pero al lado suyo y non en la pieza de arriba, en Savona, donde siempre oía que roncaba. Giovanna era también del Ligure pero vivió en un pueblo donde el mar llevaba el viento a la tierra y la montaña no podía pararlo. Ella no conocía Savona ni los árboles golpeando las ramas antes de la lluvia: el abuelo se agachaba para morder terrones o deshacerlos con las manos y después se lamía los bigotes: el abuelo miraba la tierra como si hubiese algo distinto en los sembrados y en el cielo más frío allá arriba que ahí abajo o tan frío como el aire del agua contra el barco. Giovanna con las manos azules tuvo también esa mañana, en el puerto de Génova, el color de la cara del abuelo: tío Lorenzo la ayudó con su bolsa de longanizas porque Giovanna tenía que entrar a la oficina de embarque y mostrar su pasaje con las manos azules. Ella dormía a pesar del barco moviéndose y que a veces, de noche, daba la sensación de estar parado en el mar. Pero ella no era de Savona y cuando la conoció en la posada y caminaron por Génova hasta la virgen de la Anunciación, la hermana de Giovanna entró a comprarse aros en la tienda de la mujer elegante, la mujer de cara pintada y de rodete, como le gustaba  a tío Lorenzo, que esa noche llegó a la posada con otros dos hombres y su padre los abrazó pata encerrarse con ellos en la pieza. Para golpear las botellas y estrellar sus trompadas en la mesa y salir del cuarto ya de madrugada, borracho, llorando igual que tía Filomena cuando le contaba de su madre enferma y escondida en la iglesia o en el cielo blanco de la montaña.»

Nicolás Casullo, El frutero de los ojos radiantes. Buenos Aires: Folios Ediciones, 1984.